El Grado en Física estudia las leyes fundamentales que rigen la materia, la energía, el espacio y el tiempo, desde la escala subatómica (partículas, mecánica cuántica) hasta la cosmológica (relatividad, astrofísica). No es una carrera descriptiva: su columna vertebral es la modelización matemática de la naturaleza. Por eso el grado dedica buena parte de los dos primeros cursos a herramientas (Cálculo, Álgebra, Ecuaciones diferenciales, Métodos matemáticos, Física computacional) antes de poder atacar la física en serio.
El recorrido típico va de la Mecánica clásica y la Termodinámica en primero, al Electromagnetismo (ecuaciones de Maxwell) y la Óptica en segundo y tercero, culminando en los pilares de la física moderna: Mecánica cuántica, Física estadística, Física del estado sólido y Estructura de la materia (física nuclear y de partículas). En los últimos cursos aparecen optativas e itinerarios (física teórica, astrofísica, física de materiales, biofísica, instrumentación, geofísica/meteorología) y un Trabajo Fin de Grado normalmente ligado a un grupo de investigación.
La Física es ante todo una formación cuantitativa y de resolución de problemas. El físico no sale formado para un puesto concreto (a diferencia de un médico o un ingeniero de caminos), sino con una caja de herramientas (matemáticas, programación, análisis de datos, pensamiento de modelos) que se aplica en sectores muy dispares: investigación, tecnología, datos, finanzas, energía, sanidad (radiofísica) o docencia. Esa versatilidad es su mayor virtud y, a la vez, su mayor riesgo: casi siempre exige un máster o una especialización posterior para concretar una salida.