La Bodega de La Ardosa (Santa Engracia 70, Chamberí) es uno de los bares más auténticos y longevos de Madrid. Fundada en 1892 por el toledano Rafael Fernández, que llegó a abrir más de 30 establecimientos con el mismo nombre en la capital, esta sucursal lleva en pie desde 1919 (o 1920 según algunas fuentes), sirviendo vino, vermú y tapas a cuatro generaciones de vecinos del barrio. De toda esa red solo sobreviven dos: esta y la de la calle Colón. El local mide apenas 20 metros cuadrados y conserva su fisonomía casi intacta desde la reforma de 1965: estanterías cargadas de botellas, dos mostradores (uno para consumir en el sitio, otro para vino para llevar), y el ambiente espeso y entrañable de las tabernas de antaño. La fachada exterior luce un mural de azulejos policromados obra de Alfonso Romero Mesa, ejecutado en los años veinte, que el Ayuntamiento de Madrid protege como elemento patrimonial. Incluso conserva impactos de bala de la Guerra Civil. Su especialidad indiscutible son las patatas bravas, elaboradas con una receta secreta que les ha valido el título popular de "las mejores bravas de Madrid". Las acompañan oreja, torreznos, boquerones en vinagre y morcilla. Para beber, el vermú de grifo es la elección clásica, aunque también sirven vinos y cervezas. El camarero Daniel Rojo lo resumió de la mejor manera: "La diferencia es que los demás intentan parecer antiguos y nosotros, sin tocar lo que tenemos, ya lo somos."
Mediodía del fin de semana para el aperitivo clásico madrileño
Llega pronto (antes de las 14:00 el fin de semana) porque el local es minúsculo y no hay reservas; pide las bravas y el vermú de grifo, que son lo que no puede fallar.
Lunes a jueves 9:00-2:00; viernes 9:00-2:30; sábados y domingos 10:00-2:30 (según datos de 2023-2024, verificar antes de ir)